Polaroids (III)

Mayo 9, 2008

Suena el tiembre de fin de clase. Es viernes a última hora. El finde de la cinquagema (fiesta típica de Ciutadella consistente en beber, y beber, y beber en afable compañía). Un clamor general inunda aulas y pasillos. Estoy a bordo de la Bounty.


Teachers are strange people

Mayo 9, 2008

Debo hacérmelo mirar.
Hay días en los que todo se te hace cuesta arriba. En cambio también se dan otros días. Días en los que una estúpida auto-satisfacción se apodera de tí. Cierto es que no abundan, ni mucho menos. De ahí este post.
Pero claro, ¿de dónde viene ese sentimiento de satisfacción? Es aquí donde os digo que debería hacérmelo mirar. Veréis…
Hoy he conseguido sacar de clase a una alumna que se negaba a ello en rotundo. Se ve que había protagonizado un altercado violento en clase con otro alumno y no había manera de que la profesora pudiera echarla. Al mismo tiempo, he podido razonar con el otro alumno implicado, uno de los más conflictivos del centro. Y mirad, todavía no me lo creo.

Pero la cosa no se ha quedado aquí, no. Claustro. A debate, un programa de intervención educativa a examen. ¿Seguimos con él o no? Menos de cinco voces disidentes contra el claustro al completo, y una de ellas era la mía. Sin explicaciones (después de todo, las réplicas son desatendidas). Mano enhiesta. Y yo me pregunto, ¿por qué la mayoría elige seguir con un proyecto que tiene más de atención social que educativa cuando los responsables últimos serían profesores? ¿Por qué si los resultados no han sido (usando un eufemismo) todo lo que serían de desear? ¿Por qué no se piensa en los destinatarios últimos del proyecto, los propios chavales? ¿Por qué no llevar a cabo otras iniciativas que partan de intereses de esos alumnos? ¿Tiene mucho sentido que profesores de un área tengan que dar clases de refuerzo de otras áreas? ¿Acaso interesa seguir con un proyecto pensando que serán otros quienes se encargarán de realizarlo a cambio de una “compensación económica”?
Joder, qué bien sienta ser un disidente…