The Mist, por Frank Darabount

Mayo 12, 2008


Fear changes everything (cuánta verdad)

Frank Darabount lo ha vuelto a hacer. Este cabrón me ha vuelto a dejar con la boca abierta. Si hace unos días fue con su La Milla Verde, esta vez ha sido con The Mist (La Niebla), adaptación de otra novela de Stephen King (se ve que el “matrimonio” entre ambos artistas funciona a las mil maravillas).
No sé qué decir, en serio. Y eso que nada más verla me he visto obligado a teclear, presa de un arrebato febril. ¿Por dónde empiezo?
The Mist no sólo está dirigida por Darabount, sino que también debemos atribuirle el guión, adaptación de la novela homónima de Stephen King. Aquí uno ya se pregunta hasta qué punto ha respetado uno la obra del otro, aunque me atrevería a adelantar, después de constatar la experiencia con The Green Mile, que su labor de adaptación se ha hecho desde el respeto y la fidelidad al original. Y la verdad, esto no deja de descolocarme.
No soy un experto en King, pero me he leído un puñado de sus novelas, y aunque The Mist es King 100% hay algo en ella que ha sido para mí como un jarro de agua fría. Algo en ella no me acaba de cuadrar con la obra del genial escritor (venga, que empiecen a lloverme hostias). Es el sinsentido, que se desprende de una parte de la película. Es el vacío. Es el horror. Abandonad toda esperanza. Porque nada parecido a eso váis a encontrar aquí. Pero en este planteamiento, que no resultará extraño en el fan del escritor, encontramos un matiz perverso, diabólico diría, que es el que no acabo de asociar su obra y persona.. No sé, es difícil de explicar sin reventaros un detalle básico de la trama, así que me resignaré con mi duda y seguiré hablándoos de esta fantástica película.


La que les viene encima…

En The Mist asistimos al drama de un numeroso grupo de personas encerrado en un supermercado envuelto en una espesa niebla que parece esconder algo terrible y desconocido dispuesto a acabar con las vidas de todos aquellos que desafíen su impenetrabilidad.
Con una premisa como ésta no os extrañaréis cuando os diga que The Mist es una película perteneciente al género fantástico. Reune elementos propios del cine catastrofista, del thriller psicológico y del terror lovecraftiano (posiblemente sea una de las mejores cintas que podrían adscribirse a este subgénero, que no existiría de no ser por la obra del escritor de Providence), con algunas gotitas de gore. ¿Alguien ha dicho serie B? Bueno, sí, miradla así si queréis.
Pero pese a tratarse de una película, como digo, fantástica, no pierde ocasión para tratar y criticar algunos temas de la escena estadounidense más actual. Aquí, es el fanatismo religioso de origen cristiano quien acapara buena parte de los varapalos.
Sin embargo es interesante comprobar, una vez más, la concepción que tiene Stephen King del terror. De sobras es conocida su labor de recuperación de los horrores que yacían dormidos en nuestros armarios, abandonados, recuperación que pasaba por situarlos en un contexto cotidiano, conodido por todos. Gracias a King los fantasmas volvían a dar miedo. King materializó lo sobrenatural. Y entremedias descubrimos que a veces es el propio hombre quien puede dar más miedo que el que solían dar antaño los fantasmas. El hombre, el lobo.
Todo ello se refleja en The Mist. Tenemos un supermercado lleno de gente aterrorizada por monstruos que acechan en el exterior, ocultos, amparados por la niebla. Y de repente ese terror infundido se troca en otro terror que se origina en el mismo corazón del hombre. Y claro, la religión no podría mantenerse al margen. La religión como invención del hombre. La religión como válvula de escape, como salida al horror. La religión como excusa para actos depravados de todo tipo… Y así, el horror exterior halla su reflejo en el interior del supermercado.
Y reafirmando el hilo religioso, en The Mist también se encuentra una subtrama que participa, aunque tangencial y superficialmente, de este espíritu. El hombre como dios. La ciencia como dios, en tanto que al parecer un grupo de científicos militares pueden ser responsables de los horrores sin nombre que campan a sus anchas por el lugar. Así, el mismo hombre desata su destrucción. ¿Por jugar a ser dios? ¿Por ver satisfecha su enorme curiosidad? Y este punto puede llevarnos a otro, cuanto menos interesante, que no es sino la erradicación del antropocentrismo, la relativización del lugar que ocupa el hombre en el orden de las cosas, como se evidencia a medida que la trama se va resolviendo.
Pero si una cosa es segura, es el mal cuerpo que deja esta película en el espectador. Mal cuerpo en el buen sentido de la expresión. Es aquí donde cabría reflexionar sobre el concepto del destino, como le llamarían unos, o karma, que dirían otros. ¿Existe una justicia trascendente? La respuesta de King es clara: No. Lo que nos remite al sinsentido al que aludía un poco más arriba.
Comprenderéis que estas consideraciones sitúan a la película al menos un grado por encima de la serie B convencional.
Por cierto, y retomando el tema lovecraftiano de antes… Es precisamente esta concepción tan pesimista del universo la que hallamos presente en los relatos del escritor. El propio protagonista parece salido de una de sus historias, aunque aquí la actuación de Thomas Jane, sin ser especialmente destacable, viene a superar los excesos interpretativos de otros actores que han tomado parte en recientes productos cinematográficos de herencia lovecraftiana. De hecho, ahora mismo no me resisto a comparar esta película con una anterior firmada por el gran maestro (quien opine lo contrario ya puede empezar a pedir número para batirse conmigo) Carpenter, En la boca del miedo (In the Mouth of Madness), que, salvando las distancias de tono y argumento, puede perfectamente compararse con ésta que tenemos entre manos.
El ritmo del film es envidiable, atrapándote casi nada más empezar, y se mantiene bastante regular a lo largo de todo el metraje.
En fin, recapitulando, serie B atípica, entretenida y con mucha mala leche. Y quién sabe, quizás después de disfrutar las palomitas os dé que pensar… Y eso sí, si sóis fans de Lovecraft ya estáis tardando a ir a verla. ¿El estreno? El 30 de mayo. Mientras tanto, el trailer para abrir boca.


Polaroids (III)

Mayo 9, 2008

Suena el tiembre de fin de clase. Es viernes a última hora. El finde de la cinquagema (fiesta típica de Ciutadella consistente en beber, y beber, y beber en afable compañía). Un clamor general inunda aulas y pasillos. Estoy a bordo de la Bounty.


Teachers are strange people

Mayo 9, 2008

Debo hacérmelo mirar.
Hay días en los que todo se te hace cuesta arriba. En cambio también se dan otros días. Días en los que una estúpida auto-satisfacción se apodera de tí. Cierto es que no abundan, ni mucho menos. De ahí este post.
Pero claro, ¿de dónde viene ese sentimiento de satisfacción? Es aquí donde os digo que debería hacérmelo mirar. Veréis…
Hoy he conseguido sacar de clase a una alumna que se negaba a ello en rotundo. Se ve que había protagonizado un altercado violento en clase con otro alumno y no había manera de que la profesora pudiera echarla. Al mismo tiempo, he podido razonar con el otro alumno implicado, uno de los más conflictivos del centro. Y mirad, todavía no me lo creo.

Pero la cosa no se ha quedado aquí, no. Claustro. A debate, un programa de intervención educativa a examen. ¿Seguimos con él o no? Menos de cinco voces disidentes contra el claustro al completo, y una de ellas era la mía. Sin explicaciones (después de todo, las réplicas son desatendidas). Mano enhiesta. Y yo me pregunto, ¿por qué la mayoría elige seguir con un proyecto que tiene más de atención social que educativa cuando los responsables últimos serían profesores? ¿Por qué si los resultados no han sido (usando un eufemismo) todo lo que serían de desear? ¿Por qué no se piensa en los destinatarios últimos del proyecto, los propios chavales? ¿Por qué no llevar a cabo otras iniciativas que partan de intereses de esos alumnos? ¿Tiene mucho sentido que profesores de un área tengan que dar clases de refuerzo de otras áreas? ¿Acaso interesa seguir con un proyecto pensando que serán otros quienes se encargarán de realizarlo a cambio de una “compensación económica”?
Joder, qué bien sienta ser un disidente…


Rebobine, por favor

Mayo 8, 2008

A Michel Gondry le conocí (en sentido figurado) cuando vi un video musical que había dirigido para los Chemical Brothers. Se llamaba Star Guitar. No me pareció gran cosa la primera vez, hasta que llegó a mis manos su cómo se hizo. Entonces empecé a apreciar la genialidad, que seguro que alguno discutiría, de este tipo. Luego vino ¡Olvídate de mí! , y supe que desde entonces debía seguirle la pista al francés.

Rebobine, por favor es el último producto con que nos ha sorprendido Gondry. Reconozco haber acudido al cine desconociendo absolutamente todo lo que tenía que ver con el argumento de la película, y creo que de esta forma pude disfrutar aun más de ella. Así que no pienso adelantaros nada sobre la historia (para éso clickáis en el trailer anterior y listos)…
Be Kind Rewind, título original de la cinta, además de presentarnos una desquiciante premisa, si bien contemplada desde una perspectiva que no puede calificarse precisamente de original (la sombra de Capra es alargada) sí que consigue sorprendernos a nivel audiovisual y lo que aun es más importante, emocionarnos, enternecernos, con las disparatadas ocurrencias de la pareja protagonista, formada por los actores Jack Black y Mos Def, que acaban por movilizar a todo un colectivo social, el constituído por su barrio, sirviéndose de ese medio tan fantástico como es el cine, para impedir la demolición de una finca donde se halla emplazado un videoclub y la vivienda de su propietario, el mismísimo Danny Letal Weapon Glover.
Una película pequeña que habla de cine con mayúsculas, y de cómo éste ayuda a hacer un poco más llevaderas nuestras pequeñas vidas. El cine como evasión. El cine como magia. El cine como elemento de cohesión. El cine al margen de los intereses de las grandes productoras.
Una de esas películas que te dejan una estúpida, bobalicona sonrisa en la cara cuando dejas la sala.


Polaroids (II)

Mayo 8, 2008

Toca el segundo timbre del patio. Los chavales han de volver a las aulas. Requiso una mini-pelota de futbol a un grupo de primero de ESO. Uno de los críos (al que había expulsado de clase hacía menos de una hora)trata de arrebatarme la pelota. Levanto la mano que sostiene la pelota. El chaval, como no llega, se abraza a mí mientras grita a sus compañeros: Venga!! Todos contra él! Sus compañeros se quedan quietos, con cara de circunstancias. Joooo!


Polaroids (I)

Mayo 8, 2008

Había una vez un niño tan vago, tan vago, tan vago, que cuando un profesor le pidió un trabajo de naturales, el niño se lo pidió a un compañero, lo fotocopió y finalmente se lo entregó a aquel profesor ocultando con típex el nombre del dueño original.


Augurio (o mis sitios favoritos de Ciutadella II)

Mayo 8, 2008

Iba yo caminando al atardecer por el carrer de La Puríssima, cuando se me ocurrió cuál sería mi próximo post sobre lugares favoritos de Ciutadella: La iglesia de Tsathoggua (también conocida como de San Francesc, si no voy muy equivocado). Siempre que paso por esta calle no puedo resistirme a contemplar las gárgolas que enmarcan una puerta trasera de dicho edificio. Son dos criaturas horrendas, la verdad, y fue precisamente su lejano parecido con aquel dios perteneciente al ciclo literario de los mitos de Cthulhu, quien me llevó a bautizar así a dicha iglesia.
Lo cierto es que ahí estaba, sumido en mis pensamientos y a esas horas del “fosquet”, hora en que ya la noche se anuncia y las sombras se adueñan del intricado laberinto de callejuelas que constituyen el núcleo histórico del pueblo, cuando oí dos golpes secos a mi espalda. Me giré.
No había nadie. Estaba solo.
Entonces los advertí. Dos cuerpos caídos, separados por apenas dos metros. Dos golondrinas, de buen tamaño. Inmóviles. No podía moverme. Cuando, estupefacto, trataba de hallar una explicación a tan hecho, uno de los cuerpos empezó a componer sus alas. Levantó la cabeza. Tan fascinado estaba por la evolución de sus movimientos que apenas reparé en el segundo ejemplar, que se encontraba más alejado de mi posición. Había girado su cuerpo, hasta enfrentarse a mí, y de improviso levantó un vuelo bajo, directo hacia mí, con un frenético batir de alas. Lo esquivé. Ahora ya era Hitchcock quien se había hecho un hueco en mis pensamientos. Entonces el otro imitó a su compañero , si bien éste tuvo la delicadeza de ser él el que me esquivó en esta segunda ocasión. Seguí un momento su vuelo, todavía bajo, a lo largo de la callejuela, hasta que los perdí de vista en la noche.

Miré a Tsathoggua, y me pareció que reía.


Mis sitios favoritos de Ciutadella (I)

Mayo 6, 2008

El aparcamiento del Mercat Nou (un supermercado). Al atardecer (fosquet). Está vallado, es pequeño, y por alguna extraña razón me recuerda a El club de la lucha.


I’ve come back (oh, fuck)

Mayo 4, 2008

De vuelta por La Roca, acompañado por los lastimeros lloros de los perros del barrio.
Incompleta quedó mi mudanza. De hecho, creo que hasta finales de junio no empezaré a enviar nada para acá (o mejor, para allá, que en esas fechas espero gozar de la condicional y quién sabe, igual hasta aprovecho para fugarme).
En la parte positiva, estoy rendido. Cansado de comer fuera y salir cada noche. Ver a los amiguetes ha sido genial, y con todo he desconectado bastante, si bien hago en falta tener un poco más de tiempo la próxima vez que vuelva a Palma, para tomarme las cosas con un poco más de calma, que con tan poco tiempo no doy abasto para todo y tod@s.
Mañana, habiendo ya tocado con los pies en el suelo (es un decir, ya conocéis el título de este blog, así como los motivos por los que surgió), igual aprovecho para contaros un par de cosillas sobre una peli que vi ayer y que me entusiasmó, Rebobine por favor. Y claro, más anecdotillas y chiscarrillos de mi vida como “profe”, que seguro que ya tendré material nada más empezar por la mañana… Sigh.